Boda de Memo y Mara
Unas sonrisas apenas se distinguen entre la alfombra roja de una iglesia forrada con motivos dorados. Mara y Memo se dirigen a la puerta de la iglesia como marido y mujer, mujer y marido, luego de la ceremonia en que el padre dio sus bendiciones para que estuvieran siempre juntos como matrimonio.
Afuera, todos nosotros, como una muestra de que lo que podemos llegar a ser cuando vamos a reuniones donde no conocemos a nadie. Pequeños grupos de gente que casi no habla. Brazos cruzados, miradas perdidas. Calor, hambre, fatiga, pero mucho gusto de ver a los amigos casados y felices. Afuera del atrio, justo enfrente, una vendedora de papa fritas llena y llena bolsas para clientes ávidos de comer algo, porque ya viene la hora del bajón, después del mediodía.
Vamos los buenos amigos en un automóvil con varias trampas de piso. Un peso tirado por ahí, una bolsa tirada por allá, esas revistas que siempre están en el auto y se olvidan. Una botella de agua reclamando espacio, que bien podría ocupar el pie para que su dueño fuera cómodo. En fin, un carro usado para viajar, beber y de vez en cuando transportar cosas.
Llegamos al lugar de la boda. Una alfombra de pasto recibe a quien llega, que tras flanquearla da paso a un salón espacioso, de dos niveles, una pista de baile y un escenario para las delicias de la banda de música que ambiente la ceremonia. Pintado de blanco, tiene muchos bimbos y paredes y banquitas. Si hubiera ido de niño, me habría divertido lanzándome al pasto, brincando de las bancas y escondiéndome debajo de las mesas. Con un poco más de precocidad, tal vez me hubiera esforzado en verle los calzones a las niñas. Ja ja.
Estamos ahí todos. Vestidos, corbatas, zapatos lustrosos. Pensar que para poder a ver a Mema y Maro juntos tenemos que acicalarnos, sacar las mejores sonrisas, los mejores deseos, lo mejor de lo mejor. Y es todo un placer. Parecería que cuando uno ve casarse a un par de buenos amigos, la vida comienza a cambiar poco a poco. Las nubes de lluvia tienen un brillo especial, el viento es más frío y el sol calienta más. Ver casarse a un par de amigos devuelve ciertos significados a las ceremonias.
Cuando era pequeño, siempre me dormía en bodas, bautizos, primeras comuniones y toda esa complicada red de vinculaciones de jerarquía y poder de la sociedad mexicana. Las misas me daban náuseas. Sólo veía a un viejo hablándole a dos personas que lo escuchaban mucho tiempo para decir: sí, acepto. ¿Qué aceptaban? ¿Lo que decía o respondían a una pregunta? No lo sabía, pero ahora sé que cuando uno va a misas de amigos cercanos el acto acerca mucho el espíritu de las personas que se aman. Excelente.
Yo no creo en las bodas “por la iglesia”. Creo en las uniones fuera de ese marco institucional. No me gusta que se digan cosas fuera de lugar. Como que el hombre es el que provee y las mujer es la que administra. Claro que no. La mujer de ahora también provee y el hombre también administra. Sólo por eso no haría esos votos. Pero bueno, esa es sólo mi humilde opinión y todos podemos estar a favor o en contra, y me encuentro alegre de que estos novios se unan simbólicamente por estas ondas. Ya veremos cuando nos toque. Pero volvamos al bodorrio, que por cierto, estuvo retesuave, ja ja.
Mara, la esposa, se veía resplandeciente, como si se acabará de salir de una fuente que no moja y sólo limpia. Nerviosa, reía y reía al escuchar los comentarios sobre su nueva situación social y de pareja. Un vestido con talle preciso y varias capas que caían elegantemente al suelo, como una flor invertida.
Memo, con un frac oscuro y de antaño, iba con elegancia, muy de acuerdo con la ocasión. Recuerdo que una vez me dijo que uno de sus animales favoritos eran los pingüinos, porque una vez que escogían una pareja, se quedaban con ella para siempre, a cuidar los huevos y a ver como su pingüina vida pasa. Creo que con su disfraz de pingüino reflejó su inconciente. What a nice new.
Dieron de comer una especie de torta de papa en una salsa amarilla y deliciosa. Luego, sopa de champiñones con un pan relleno de mantequilla que fue la sensación en la mesa. Finalmente, un mosaico de comida que no sé cómo definir. Parecía un poco sushi, un poco comida gourmet, tal vez también me remitía a un pastel de carne. Eran tiras de carne enrrolladas con distintas especias y condimentos, muy bien equilibrados, con una ramita de romero para darles un sabor profundísimo, que incluso me empecé a “viajar”. Sí, imaginé un árbol, una rana, un sujeto cantando, un atardecer visto desde la línea café del Metro, a la altura del Foro Sol, cuando el astro se pone rojo como tomate. El pastel tenía fresas y lo sirvieron unas horas después. Qué buena comida, la neta.
Fumamos, comimos, bebimos, bailamos, cantamos, e incluso bailamos la víbora de la mar y madreamos al Memo con singular alegría, pero el maestro de ceremonias nos reprendió por ser tan “blandos” a la hora de hacer el ritual. Para aquellos que no lo conocen, explico rápidamente: de los hombros, una hilera de machos trota al ritmo de esa canción para golpear amistosamente al novio. Tal vez el animador esperaba que lo tiráramos o algo así. Ja ja, qué bueno que no lo hicimos.
El buen discurso del Memo fue uno de los momentos cruciales de la boda, porque se oyó mucha sinceridad y sensibilidad en sus palabras, agradecimientos a los padres de la novia, ahora esposa, a su madre especialmente, a todos los que fuimos, y por supuesto, a Mara, la novia de la flor invertida.
Nos fuimos muy contentos llenos de comida, bebida y anécdotas para contar en mucho tiempo. Ahora esperaremos a los hijos, para que vengan más fiestas. Bautizo, presentación, cumpleaños, quince años, primera comunión. Viene una agenda apretada. Ja ja. Espero que les vaya muy bien de ida y de regreso en todos sus proyectos amigos, en la buena onda más destilada que les pueda tirar. Saludos.
maTVs! dijo:
Junio 10, 2008 a 3:54 pm
No manches Quecha… ta chigonsísimo tu lead!! Te quedo bien chido!!! xD De aquí a Reuters mi buen.
Y pss sí, no me casaría por la iglesia, no sólo por no aceptar los votos un poco arcaicos y machistas de la doctrina católica… si no por que para empezar fui un maldito hereje la mitad de mi vida y ni estoy batuizado. Soy un hijo del mal jajaja.
Por qué sera que lo primero que me viene a la mente cuando escucho boda, o quince años o posada o party mortal es la comida… una crema de algo que no tendré puta idea de lo que es y el esperado lomo agridulce acompañado de puré de papa con hojas de romero XD. Naa, la neta se me atonjo el shushi-pastel-de-carne-redbull-wasabi.
Ay nos vemos, ta chido tu lead y tan chidas tus negritas…. me los copiaré xD
see ya’ mi buen.
chau
iRisAbItA dijo:
Junio 10, 2008 a 4:25 pm
jajajajajaja ke ondiux kecharecha chencho soperutanus! jajajajjaa me huele a casorio ehhh como ke se te angotjo! ya te cai en la movida, gueno pero invitas y recuerda nuestro secretito”" jajajajajajaja derecho de piso!!!! de piso!!!!! jajajjajajajja te kello kecharecha, y ya no seas tan tragon ke te vas aponer más morsis jajaja, pd. a mi tampoko me late el casorio catolico pero psss como ke sin eso le kitas glamour al asunto no? jojojojojojo ya pues xq me vas a regañar de seguro x mi ultimo comment jjejejeje en fin, a luego nos vemos.
Annie-a dijo:
Junio 10, 2008 a 5:51 pm
solo dire!! k no me invitaron y quería pastel!!!!!
MUCHAS MUCHA FELICIDAES A LOS NOVIOS!!!!
Diva neokitsch dijo:
Junio 10, 2008 a 8:52 pm
Jajajaja no maaaa… la pura onda Quechi… vivan los novios!!! jaja
Diva neokitsch dijo:
Junio 10, 2008 a 8:53 pm
Jajajajaja no ma Quechi la pura onda tu crónica… vivan los novios!!! jajaja
Noemi dijo:
Junio 14, 2008 a 6:00 am
Este… pues no se que decir… estoy rete contenta por el bodorrio….
jaja…
ia neta… eso de la flor invertida es la onda… Me imagino a Mara… en sí toda la crónica me agrada… pero esas partes donde divagas le dan un toque especial…
bsos