La búsqueda del periodismo poético

Durante mi vida he pasado muchas etapas. Como una cebolla, un ajo, una lechuga, una bella metáfora usada por Günter Grass en su biografía: Pelando la cebolla. Pelando la mía (sin albur, ja ja) reconozco que esta búsqueda poética nació de una necesidad sensible que tengo desde hace mucho.

Crecí no con muchas diferencias del resto de mis amigos que casi no buscan su lado espiritual. Me emborraché en secundaria, me besé y me di unos fajesotes en la prepa, conocí mi sexualidad profundamente en la universidad. He jugado más tiempo videojuegos que leyendo libros sobre espiritualidad y búsqueda de felicidad emocional. Sin embargo, cuando pienso en todos los animales que hay en el mundo trabajando bajo mis pies, y la conexión que hay entre ellos y yo y tú que lees esto, me emociono por la cantidad de misterios mágicos y maravillosos que tiene la vida para unirnos.

Al principio busqué en mi referente más cercano: la religión católica. No me gustó el principio básico: un dios rencoroso que se encabronó porque una de sus creaciones quería volverse igual a él. A ese dios que no le gusta la igualdad con sus creaciones no le creí. Luego busqué en la refinada metodología del budismo zen. Leí las relaciones entre esta religión y el psicoanálisis, a partir de un libro de Eric Fromm. Me creí esa onda de que si no deseaba, no sufría. Pero después ya no me gustó, porque una parte muy adentro de mí le gusta sufrir. Porque al mencionar una cosa creas la otra, suprimir el sufrimiento implica suprimir la felicidad en esta vida.

Ahora soy presentista, si me quiero poner etiquetas. Dejo de creer en una felicidad que se tenga que ganar, comienzo a creer en una felicidad eterna cotidiana, que se realiza a través de la sublimación de los actos diarios a milagros irrepetibles universales. Alejandro Jodorowsky me guió para este lado. Ver el lado propositivo de la vida, en una continua búsqueda de sensibilidad para encontrar al mítico Otro, y sonreír y decirle a todos nosotros los Otros: hola, yo soy Otro y quiero pedirte que seamos Nosotros.

Claro que se me olvida un montón de veces. Y me encabrono con todos y digo groserías y bebo y me desvelo y cada vez me parezco menos a un santo. Y qué bueno. No quiero ser un santo. Quiero ser un ser humano que al final de mi vida me pueda decir: qué bueno que me muero con ganas de ser mejor, para poder seguir siendo mejor cuando sea una estrella, una rana, un extraterrestre o una galaxia tras este paso.

Por esta razón, lo que he escogido ahora es ser periodista poético, haciendo un análisis cotidiano propositivo de las noticias que tenemos delante de nosotros. No quiero caer en la trivialización que tienen muchos comunicadores cuando en las mesas de debates -que pululan como hongos en México- para decir: ay sí, muchos muertos este fin de semana, bueno, a lo que sigue que el mundo da muchas vueltas. Espero que cuando mueran esas personas todos digamos, ah mira, otro periodista chayotero se murió, bueno, a lo que sigue que el mundo sigue girando. ¿Ya ven como no soy santo y sí bien culero? Ja ja.

En fin, entonces el periodismo poético resulta de una búsqueda espiritual de su servidor. Veamos como sale este experimento, que hago con muchas ganas y venciendo mi vergüenza para exhibirme y dejar de ser un autista funcional, como la mayoría de nosotros, seres pegados muchas horas al día a una computadora pero que no podemos sostener una conversación mediana o larga con otra persona face to face. Bienvenido o bienvenida a este blog.

2 comentarios

  1. iRisAbItA dijo:

    Mi kerido kecharecha silabario chencho:

    Mil palabras atropellan mi mente, y presionan a mis dedos, (jeje), pero en resumidas cuentas: ¡GRACIAS!.
    Porque sólo haciendo algo, podremos cambiar este mundo loko, absurdo y enmarañado. Cada kien a su estilo, desde su perspectiva, pero encaminados hacia un objetivo.

  2. Roberto dijo:

    El ejercicio periodístico llega transformado y con una evolucìón particular a la Internet.

    Autónomía.
    Independencia.
    Libertad.

    Ahora es el momento de aprovechar éstos espacios y proteger su libertad.

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